No hay que olvidar que, durante mucho tiempo, la lectura fue un privilegio reservado para una minoría. Había pocos libros y su circulación era muy limitada. Por otra parte la lectura estaba administrada y controlada por una eficiente maquinaria de informantes, espías e inquisidores, que tenían como única misión perseguir libros prohibidos por la Iglesia o por el Estado y castigar con la prisión a la pena de muerte a los editores que los publicaban o a los que fueran encontrados leyéndolos.
Peña (2004) define la misión del promotor de lectura, mas que conducir por supuestos caminos de felicidad, buscar despertar y ampliar en cada individuo el descubrimiento subjetivo de la lectura por placer en cuanto principio transformador de la vida. Se trata de descubrir nuevos formas de ver la vida, con más poesía y arte en el día cotidiano. La acción de los promotores de lectura ha mostrado ser determinante en la tarea de contribuir a encontrar un sentido a la lectura mas allá de la mera consulta, de reestructurar y orientar la motivación y gusto por lectura como una puerta para explorar nuevos mundos y una manera única de elaborar su identidad, de comprenderse a sí, y de relacionarse con su entorno.
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